Del 16 de Junio al 30 de Julio se presentaron fotografías y piezas de video arte de Lotty Rosenfeld en la 2 Bienal de Freibürg «Das Lied der Straße» (La canción de la Calle), edición dedicada al espacio público y político como soporte.
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Dentro del marco de la bienal se realizó el Simposium: «NERVOUS INFRASTRUCTURES, ACTS OF RESISTANCE», evento que se realizó el pasado 8 de Julio en el Kommunales Kino de Freibürg, con la participación del arquitecto y profesor Doctor Stephan Trüby, la artista ucraniana Polina Stohnushko, el Doctor en desarrollo José B. Segrebe, la Doctora en Historia del arte Kathrin Rottmann, el artista Joe Namy, directora de la Bienal Paula Kommoss y Alejandra Coz Rosenfeld, directora ejecutiva de Fundación Lotty Rosenfeld.
En el marco del programa de arte urbano Festival Constellations de Metz, con obras de la colección de 49 Nord 6 Est – Frac Lorraine de Lotty Rosenfeld, se inauguró el pasado 22 de Junio en la estación de trenes de Metz, la exposición «Lotty Rosenfeld, 33 archives d’art action». La muestra estará abierta al público hasta el el próximo 17 de octubre.
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Estas fotografías están libres de derechos de autor (excluido el uso comercial) Créditos Fotografías: David Paquin – SNCF Gares & Connexions.
Se realizará la retrospectiva de Lotty Rosenfeld curada por Nelly Richard, la cual será inaugurada el 28 de Septiembre de 2023 a las 12:00 hrs. en el MNBA, en el marco de los 50 años del golpe de estado.
Desde noviembre y abril del próximo año se presentará la muestra Rewinding Internationalism. Scenes From The 90s, Today que es en parte el resultado de una colaboración dentro de la confederación de museos L’Internationale. La exposición proyectará la cinta de la acción de arte de Lotty Rosenfeld Una milla de cruces sobre el pavimento realizada en 1979. Acción que fue repetida en varias ocasiones durante los 80 y 90 en diferentes ciudades y lugares.
Desde el del 1 de septiembre hasta el 7 de noviembre de 2022 se presentan en el Museo Internacional de Arte Contemporáneo – Castillo de San José Lanzarote (España) obras de Lotty Rosenfeld en el marco de la XI Bienal de Arte Lanzarote, en la sección Bienes Ocultos. Una crítica del arte crítico. Curada por Carlos Delgado Mayordomo y Adonay Bermúdez.
Lotty Rosenfeld (Santiago de Chile, Chile, 1943–2020) ha sido una de las figuras más comprometidas y representativas del arte político y feminista latinoamericano. Formó parte de la denominada Escena de Avanzada, una generación de artistas y escritores chilenos de la década de los 70, para quienes el arte fue una herramienta con la que cuestionar el estatuto político y la rigidez institucional. En este contexto, Rosenfeld confirió a su trabajo un papel activo en la transformación de la sociedad, con sus propuestas alentó a la gente a expresar sus discrepancias con las estructuras de la vida cotidiana y a denunciar las injusticias sociales y políticas perpetradas en su país. Concibió su arte como un instrumento para desentrañar las relaciones de poder que determinaban el día a día de unos ciudadanos que, pese a no estarles permitidas determinadas decisiones, eran sus receptores directos, y desarrolló una serie de intervenciones en el espacio público con las que puso de relieve estas situaciones de injusticia. Rosenfeld convirtió el arte en parte de la vida de muchos chilenos e hizo llegar su mensaje a una amplísima audiencia mediante el empleo de los medios de comunicación masivos. Su práctica, como la de otros de su generación, en ese oscilar entre el arte y el activismo, acabó rompiendo las normas establecidas y dando pie a un cambio social. Sus acciones se convirtieron en referentes globales del arte de oposición al autoritarismo y el canon, y aunque estuvieron ligadas en su concepción al contexto sociopolítico de una ciudad y un tiempo concretos, con el paso del tiempo su dimensión conceptual ha trascendido todas las fronteras y las que fueron sus consignas son actualmente símbolos reconocibles en todo el mundo.
Como miembro del CADA, Rosenfeld realizó proyectos de arte público disruptivos con el régimen del dictador Pinochet. Acapararon la atención de los medios lanzando panfletos políticos desde aviones o realizando ruedas de prensa improvisadas, para hablar de las consecuencias sociales de la dictadura, del hambre y la falta de recursos de los barrios más pobres. El soporte para sus obras fue la ciudad, y tanto las realizadas individualmente como las colectivas, sus acciones generaron una serie de símbolos que a día de hoy siguen formando parte del imaginario colectivo. Las imágenes producidas por Rosenfeld pusieron el énfasis en la imagen frente al texto y el diálogo, una de sus intervenciones individuales más reconocidas fue la que llevó a cabo en una calle del este de Santiago de Chile, una performance documentada en vídeo y fotografías, titulada Una milla de cruces sobre el pavimento (1979). En ella la artista caminó a lo largo de la desértica Avenida Manquehue transformando las líneas discontinuas que delimitaban los carriles de la carretera en cruces, al pegar perpendicularmente sobre ellas tiras de tela blanca. Con la simple acción de bisecar una línea, Rosenfeld no sólo canceló el significado de signos tan establecidos y representantes del status quo como las señales de tráfico sino que irrumpió en el ámbito de lo público, alterando la vida cotidiana en lo que fue una clara oposición al régimen de Pinochet. Tras su intervención, las líneas metamorfoseadas en signos de suma y cruces, elementos característicos de la represión y la muerte, se convirtieron en el emblema de la resistencia al gobierno. La acción fue reproducida por la artista en numerosas ocasiones alrededor del mundo, siempre en lugares de fuerte carga histórica y política, y sus cruces en el pavimento fueron las precursoras de la consigna “NO+” empleada por el CADA en varias de sus intervenciones en el espacio público. Rosenfeld ha realizado sus acciones de arte múltiples lugares, en Santiago de Chile, en Washington D.C., en Buenos Aires, en La Habana, en Vancouver, en Atenas, y muchos otros. A día de hoy, su obra forma parte de las colecciones de museos como el MoMA, el Guggenheim y el Museo del Barrio de Nueva York, el FRAC Lorraine de Metz, el MNCARS de Madrid, el CAAC de Sevilla, el MAC de Santiago de Chile, el MALBA de Buenos Aires y el Museo de Arte Moderno de Medellín, por citar algunas.
Lottyfueunamentora,compañera,amigaycómplice.Ledediquémiprimerlibro,juntotambiénami abuelapaternaIrmaBriones.Ambasfueronmujeresluchadoras,unaencontradelospesaresdelavida como inquilina de latifundio, la otra en contra de la interpretación unidireccional de los signos en la épocadellatifundio-país,antidemócratayanti-socialista.
Sibien provenientes de realidades distintas, ambas vidas se entrecruzan allí, en las primeras páginasde esesolitariotomo.YesaeslaherenciacríticaquemedejóamíyamuchasmáslaLotty.Ladeuntipo deporfíamuy particular/espectacular,quetachayquetaja,si,perosiempreparaestrecharuncontacto nuevo, abrir nuevos vasos comunicantes: la arteria se rebaza de emoción y de rebeldía hasta que revienta,irrigandoterrenosantesllamadosbaldíos,desdedondeflorecenmalezasinusitadas.
Así mismo, gracias a una colaboración artística con la Lotty en una coyuntura artístico-política orientadaavisibilizarlaepidemiadelVIH/sidaenChileen2018,nosconocimosconAlejandraCoz, artista,escritora,hijadeLottyysalvaguardadesupatrimonio.Desdeesacruzseropositivahanbrotado todasuertedecomplicidadesamistosas,queestánformadasdecariñoperotambiéndereflexiónyde arte.
Cabe mencionar que en la casa de Lotty de la calle Torremolinos ―donde compartí con ella en sus últimos días, pero también muchos otros almuerzos y proyectos con Alejandra― se secó el gran liquidambartrassupartida,casicomounanoveladerealismomágico.Así,surgiólaobraCicatrizarun proceso biológico de Alejandra, que acurrucó los troncos y las ramas secas del árbol y las ató tejidas con lana roja guardada por la Lotty de su propia madre, armando así el mensaje salido del poemaria La Jabalina(2019) de Alejandra: mensaje reinterpretado tras el luto materno. Lo que quizás nunca le contéaAlejandrafue lo cuanto me estremeció el ver aquella nueva obra, nosoloporsupotencialidad poético-crítica sino por el recuerdo de miabuelaenseñándomeatejercrucesdepalquiconhilorojo, para colgar en la cocina y a la entrada de la casa y así ahuyentar a los malos espíritus.
Y así, después de varias lecturas y sentidos homenajes, me gustaría volver a producir desde/con el accidente,conlaserendipíadelcruceydelre-cruceinesperados.Quisierarecapitularunavezmásuna brevegenealogíacosmogónicadelasaccionesdeLottydesdelaperspectivaanti-colonialista,quese oponealpatriarcadoensimultáneoquealextractivismoneoimperialista.Recapitulandolainfluencia delas“cruces”(1979-)comohiloconductordetrásdelaproducciónvideodeLotty,caberevaluaruna
El enclave entre las artes y las políticas emancipatorias es aparente en la historia de las múltiples coyunturaslocalesenChile,perosihubiesedehablarsolamentedeunaobraseríasobreUnamillade cruces sobre el pavimento. En diciembre del año 1979, la artista visual Lotty Rosenfeld realizó la primera de estas intervenciones urbanas en la calle Manquehue entre Los Militares y Kennedy, la cual
«consistió en la alteración de un signo del tránsito ―las líneas divisorias de pistas en el pavimento― mediante el uso de tiras de género blanco que cortaba ese signo ubicándose perpendicularmenteaél.Deesemodo,elsignoalteradooriginabaelsurgimientodeunnuevosigno, equivalentetantoalaformadeunacruz,comotambiénelmásdelasumamatemática.»(Eltitoctubre 1980 23). Esta acción de arte fue exhibida al año siguiente en ese mismo lugar de la vía pública en formato video, utilizando dos monitores de televisión, y también una pantalla de cine, durante un anochecer del mes de junio de 1980.
Elintervenirydesacatarlanormativaviaria,queeraunasinécdoquedetodalasuperestructurapolítica usurpadaporlosmilitaresbajoladictadura,empleabalareparaciónsimbólicadelaaccióncivilenla transformación de un signo «−» a un «+», convirtiendo artísticamente la resta de la democracia en una suma que se abre hacia la pluralidad de voces menores que conforman la voluntad de lx pueblx. Esto se vuelve evidente en la reiteración de esta acción en diversas topografías de importante carga represivaygeopolítica,comolofueelpalaciodegobiernoLaMonedaenoctubredelaño1984opor fuera de la Casa Blanca en junio de 1982; intervenciones que, al ser pensadas en su conjunto, evidencian la influencia imperialista de las dictaduras militares en Latino América durante la Operación Cóndor la cual daría cierre ―en teoría― a la posibilidad del socialismo real y daría inicio a la privatización de los insumos básicos para la vida a través del sistema neoliberal.
En el campo local, esta y otras acciones artístico-políticas fueron conocidas como acciones de arte. Uno delosprimerosregistrosenlosqueelconceptode«accióndearte»esreflexionadoenlaescenalocal fue un texto de la escritora Diamela Eltit titulado «Sobre las acciones de arte: un nuevo espacio crítico», publicado en octubre del año 1980 por la revista Umbral(NuevaÉpoca)del Centro de EstudiosporlaDemocracia.Enestetexto,laliteratapartedelanálisisdelaobraUna milla de cruces sobreelpavimentode Lotty Rosenfeld para arribar a una definición de «acción artística» basada en un
1Paraestaentradaprimeradelagenealogía,descreodelahegemoníadeloriginalsobrelacopia,yreproduzco algunos pasajes en la introducción de mi libro (2021) en los cuales analizo los inicios de las cruces de Lotty.
impulso de clausura de la intención autoral, el cual redirige la producción artística hacia «la intencionalidad masiva» como parte de «una intención de modificación» y «la intención de participar» (Eltit octubre 1980 23-27). El concepto de «acción de arte» de D. Eltit se divide en dos factoresprincipales,elprimeroreferentealempleodelaesferapúblicacomosoportedearte:
Asistimosalaconstruccióndeuna «sala de arte» en la calle o, inversamente,aladestrucciónde ese concepto cambiándolo por el uso de espacios ciudadanos abiertos y públicos como gestores-receptoresdelaobradearte,cuyodestinofinalnoeslaprivatizacióndesuusufructoen la sala de exposiciones, sino la permanencia en la retina y la memoria del transeúnte quien ve así el paisaje urbano, por el que circula cotidianamente, transformado en un espacio creativo que lo obliga a rehacer su mirada, que lo obliga, en suma, a rehacerse y cuestionar el entorno y las condiciones de su propio transcurrir.
Aloperarentoncesensituacionesurbanas,públicas,abiertas,sevademarcandounaopciónde arte que intenta, en su programa, romper con la privatización, trocándolo por un consumo efectivodentrodeunacolectividadquevealteradosusensorioaltransformárseleelsoportedesu cotidianeidad;enestecaso:lacalle.(octubre198024-25)
Esteprimerfactorseataconelpróximopuntodeestadefiniciónde«accióndearte»,particularmente enlaestrategiadelempleodelacallecomosoporteparareducirelfactordelaprivatizaciónsectariay elitistadelasprácticasartísticasenaquelcontexto.Elsegundofactorserelacionaconlamaterialidadde las obras de tipo «acción artística», en particular el hecho de que se opone al mercado del arte ya
que ella se encuentra marginada de los circuitos comerciales, es decir, es una forma de arte no vendible,susceptibledeserreproducido por medios (cintas magnéticas, por ejemplo) no eternos, perdiéndose por ende el carácter de objeto único, por una parte, y de permanencia, por otra, cualidadestaúltimaquedeterminaelobjetosacroacumplirporlaobrademuseo.(Eltitoctubre 1980 25)
Si bien la autora no podría haber adivinado en los albores de los años ochenta la boga de la última década dentro de las instituciones primermundistas por adquirirlosarchivosdelartecomprometido producidoenLatino America bajo regímenes totalitarios, la apuesta artístico-política de D.Eltitensu escrito apuntaba a un arte vinculado con los medios de reproducción tecnológica «típicos de la comunicaciónmoderna»(octubre198025),cuyaapuestatecno-materialbuscabamarginarsedelos códigosdecomercializaciónprovistosporloscircuitosgalerialesomuseales,comounantídotoparala privatización de estas prácticas a manos de la validación de la academia y del éxito mercantil.
Operaciones(1997)
Operaciones, ¿sobre el cuerpo? ¿Sobre la palabra o los símbolos?
¿De qué manera se arma el cuerpo de discursos sobre el mismo cuerpo, o hasta que punto puede el cuerpo percolar sobre/contra la palabra?
Cerca del año 1983, Lotty Rosenfeld juntoconsuamigaycompañeradevanguardia,DiamelaEltit, comenzaron a visitar a Claudia Marín, una mujer transgénero en proceso de tomar la desición de realizarselareasignacióngenital.MásdeunadécadatardóLottyenproducirlapiezadevideoartefinal a propósito de las entrevistas con Claudia, dando fé de lo meticuloso de su proceso artístico.
TrasunasimágenesentonossepiaquemuestranalamismaLottyinterviniendolaseñaléticaviariaque inauguran la obra ―sumado el cuadro titular―, podemos observar un cuadro desdibujado de un primerplanoenblancoynegrodelaClaudia.SetratadeunaentrevistagrabadarealizadaaClaudiaen elaño1987,endondeellanarracuandoeldoctor(presuntamenteGuillermoMacMillanquienobtuvo gran prominencia en latinoamérica como pionero en el así llamado “cambio de sexo”) le explica los procedimientos de la operación de reasignación genital antes de rellenar una “planilla”; podemos suponer que aquella planilla se trata de un consentimiento informado sobre los procedimientos y potencialesriesgosdelaoperación.PorarribaypordebajosevaachicandoelprimerplanodeClaudia, hastadejarsurostroenunafranjadelgadacomoladeunsigno“−”.Unsonidoprofundoseescuchaa momentospordetrásdeltestimoniodeClaudia,casicomoellatidoprófugodeuncorazónansioso.El planodeblancoynegrodela Claudia se modifica porunomáscerrado,yluegootrosimilarsujetando uncigarrillo.Elaudiodeltestimonioadquierereverb,mientrasunasegundatomaensepiadeClaudia endireccióndefranjaverticalaparecealladoderechodelencuadreysedesplazalentamentehastael centrodelaimagen,comosifueseacrearunsigno“+”entreambosprimerosplanos.Enesemomento, Claudia describe con palabrascrudascomoeldoctorleexplicaquepodríaperdertoda“sensibilidad”
―la capacidad de sentir placer sexual― lo mismo que podría quedar “hueca para siempre”. “Hueco”,sabemosbienlasdisidenciassexualesnacidasenlacomarcachilena,esunamaneradespectiva dellamarahomosexualesytransgénerouotrasidentidadessexo-divergentes,quehacealusióntantoal anopasivoreceptordelapenetracióncomotambiénaunasuertedeliviandadsimilaralaestupidez.
Un audio de fondo, primeramente fuera de contexto, trae al plano voces exaltadas y estridentes. Sin embargo,Claudiacontinuasutestimonioenaudioreverbyrecuentacomorecalcósuconvicciónal doctordereafirmar suidentidaddegéneroapesardelosposiblesdesenlacesnegativosdelaoperación. Derepente,lavozdeClaudiaessegundadaporsubtítulosblancos:“Mioperaciónsedemoró/5horas, 20minutos”.Elplanohorizontaldefondocambiaporunanuevafranja,mostrandolafuentedelaudio
estridentequesurgíamomentosantes.SetratadelaBolsadeComerciodeSantiago,endondehombres de terno y corbata se vociferan indicaciones de compraventa de acciones. El testimonio continúa mientraslafranjaverticalconelplanodeClaudiasiguedesplazándosehaciaelcentro:“volvícomoalas 2 de la tarde,”. “Y ahí dormí todo el día… feliz…” Mientras las voces vociferantes de la Bolsa de Comercio siguen de fondo, la franja vertical ahora cambia por una casa de empeño en la periferia santiaguinallamadaLaTíaRica.Claudiaprosigue:“queDiosmeperdoneporque/mediounsexoy yo me lo saque [sic]”. Aquí reconocemos un ánimo particularmente poscolonial evidenciado en el relato de la reasignación genital transgénero, donde Claudia transitade la disforia a la euforia de género, evidenciada por la tranquilidad del sueño profundo. Sin embargo, esta tranquilidad es contrapesada por una culpa moral cristiana, en la que un Dios patriarcal le entrega una identidad sexual lacualescontestadaculposamenteporClaudia.Sibienenestacontradicciónexisteunmestizajeque sufre por el colonialismo interno de la culpa, sin duda que de todas formas presenciamos un acto externodeagenciamientosexo-identitarioqueademássenosesrelatadoenpretérito;ladesición,en todo efecto, ya fue tomada.
Las imágenes de la franja de fondo comienzan a cambiar en rápida sucesión, desbordando el plano horizontal.Primero lostableroseléctricosdelabolsadecomercio,indicandocifrasatiemporealdelas accionesfinancieras.Luego,vemosenfranjaverticalnuevamenteelprimerplanoblancoynegrodela Claudia,pero ahora se superponen estas cifras de acciones descontectualizadas quecirculanvelocesde ladoaladocapturadasporunvertiginosoplanoholandés.Continúaelrelatoacompañadoaúnporlos subtítulos:“Alos14díastuverelaciones[sexuales].” ElplanoverticalensepiadeClaudiacasiarribaal centro geométrico del plano: “No sentí nada, nada,”. “ni dolor, ni ardor, ni escozor, / no terminé [en orgasmo],noeyaculé,nada.”Defondo,laimagencambiasúbitamentealascrucesdeLottysobreel pavimentoconlascifrasfinancierassuperpuestas,antesdetornarsenuevamentealacasadeempeño Tía Rica donde distintos anillos y otras especias son evaluadas para calcular su valor monetario, lo mismoquecédulasdeidentificacióncorroboranlaidentidaddelosclientesdeaquelnegocio.Acada momento continúan los gritos emanados por los corredores de la Bolsa: “El doctor realmente me lo dijo…” Los planos de fondo de Claudia, de la Bolsa, la casa de empeño y las cifras se intercalan y entremezclan con mayor velocidad.
CasiarribadalafranjaverticalensepiadelaClaudiaalmargenizquierdodelplano,eltestimoniodeella en audio y en subtítulos adquiere un tono más optimista: “A los 22 días vuelvo a tener / relaciones y siento,”. “sentí la penetración,”. “sentí el orgasmo,”. “sentí cuando yo terminé, / cuando me desahogué.” El ruido de fondo se acrecienta, mientras el rostro de Claudio adquiere una sonrisa en aquelplanosepiavertical,quearribaalmargenizquierdoycomienzaasalirdeplanoydesaparecer.La franjahorizontalquenosmuestracasillerosnumeradosdeespeciasempeñadascomienzaavolverse
cadavezmásestrechahastadesaparecer,mientraseltestimoniodeClaudiallegaasufinal:“Metoqué, meviqueestaba/mojadayahíyomesentíbien.”Lalíneanarratológicadelvideollegaasuconclusión cuandolamujertransgéneroarribaalaexitaciónyorgasmosexual,generandouncorrelatodisonante con la acaparación del capital financiero. Existe una yuxtaposición sutil entre la centralidad de la sublimacióndelcapitalen la sociedad hetero-wigka-cis-patriarcal-extractivista y la exitación del placer marginalizado de las identidades sexodivergentes, la cual produce una crítica de la visibilidad del comercioydeldeseoendiferentesestratosdelasociedadchilenadurantedictaduraytransición.
Ambasfranjas⎯lahorizontalylavertical⎯desaparecenylapantallasevaanegro.Elvideoconcluye retornandoalacapturasepiadelaartistaLottyRosenfeldrealizandolaintervencióndelascruceslas cualesfigurabanalcomienzodelvideo.Sinembargo,estavezlaartistarecalcalametáforacristianaal recostarsedescalzasobrelacruzhechasobreelpavimento,quedandobocarribadebrazosabiertoscomo uncristoredentor.Amiparecer,estareferenciamesiánicaenelcontextodeestapiezadearte-video contemporáneaconfuertescriticasdegénerohaciaelcis-temaneoliberalesunamaneraenlacualla artistaarticula, desdela economía de símbolos empleada, una reflexión visual sobre laextensióndelos efectos neocoloniales del mestizaje forzado y del extractivismo en el Chile de fin de siglo.
Unaseguidilladeimágenesentonosepiadelinteriordeunbancobombardeanlaretinadelespectador en una sucesión tremendamente rápida. Gentíos son revelados en acelerada sucesión con el vaivén izquierda-derechadelcuellodeunacámaradevigilanciaposicionadadesdeloaltodelrecinto.¿Son estas imágenes capturadas por la artista visual, o en vez se trata de imágenes apropiadas de las cámaras de seguridad de un recinto de finanzas?
La artista posicionasuvistaqueincomodaallí,enelpanópticodelcapitalquecustodiaasusadeptos condenados a la burocracia de sus propias finanzasencadenadasalausureriaprivadaplagadadefilas kafkianas.Elelementodeyuxtaposiciónquerevelalacríticadelaartistaenestaoportunidadesunavoz femeninaenoff,quenomanifiestapalabrassinoruidos:sonlosrespiros,inhalacionesyexhalacionesen creciente sucesión que describen la hiperventilación propia de un ataque de pánico . En el entrecruce de lainstituciónbancaria yeldesordendepánico,serevelaunaterceraestelasilenciosaqueeslaindustria farmacéuticaysumonopoliosicotrópicosobrelasmasasabochornadasporeltrabajoyporlospesares, cuyocuerposecontorsionaalritmodelneoliberalismorampanteeinclemente.
Conelfindemes,conladeuda,conelcrédito,conlosproyectosdeestudiosydevivienda,deapegosy pasiones que demandan posesiones materiales e hipotecas, se pierde el aliento en una ansiedad que crece a proporciones sublimes, incalculables por la escala humana. Y esa es toda la poética, dígase minimalistadelaobra.Lassucesionesdeplanosoperativosdelacámaradevigilanciaconlacreciente hiperventilación delalientofemenino,quesesobresaltatantoquepormomentosdebepararantesde continuar respirando. Entonces, la voz apolínea de una soprano se superpone, recitando diáfanas “Aaaaa”cuyainocenciapremeditadasonelopuestocomplementariodelacrudezadelrespirojadeante. Lasomáticaestratificadadelaobra,deloscuerposexpectantesenlasfilas,delahiperventilaciónydela etérea soprano, exaltan tal corpulencia que al observar la obra, cualquier espectador comienza a desnaturalizarsupropiorespiro;seinquietadentrodesupropiapiel.
Porunmomento,elplanoholandésdelostablerosdelaBolsadeComerciodeSantiagoretornancomo veladurasemi-traslúcidasobreelplanoprincipal,ydesaparecenconlamismavelocidadquellegan.Por otro segundo más, aparece y desaparece la mujer transgénero Claudia Marín siendo entrevistada. Retornanydesaparecenlascifrasdeltableroelectrónicodelacompraventadeacciones,lomismolos casilleros numerados de la casa de empeño: fantasmas del capital. Luego, planos cerrados sobre las manosdealgúncajeroque intercambia con un cliente porlarendijadeunabarreradivisoriadevidrio. Se acerca el fin de la jornada; las y los funcionarios de la institución financiera y las y los clientes intercambianconversacionesbanaleshacialasalidadeledificio.Lavozhiperventiladaseacercaala regurgitación.Evacúanlosúltimosclientesporlacompuerta/esfínterdelrecinto.
Deesosetratan lasobras-videodeLottydeesteperíodo:lafantasmagoríadelatransaccióncolonialdel VirreinatoPeruanosobrelosterritoriosqueconformaronlaficciónrepublicanachilena,actualizada porlosinteresesextractivistasquehabitanennuestrosmúltiplesconsumosdecadadía.Unacarrera, torturafísicaysicológica.Unparto:amaralajaulaqueserebalsa.Unascoguturalporelahorcamiento del deseo sadomasoquista de la división internacional del trabajo.
LaGuerradeArauco(2001)
Laprimeraimagendelvideonosmuestraunplanoabiertoenblancoynegro.Setratadeuninmenso camióndecargavertiendomineralessobreunáridocráterenlatierra.Lasimágenesfueroncaptadasen la mina de Chuquicamata, que es la mina de cobre a cielo abierto más grande del mundo, la cual se ubicaenlaciudaddeCalamaenlaregióndeAntofagastaubicadaenelactualChile.
Una voz en off comienza a narrar la manera en la cual los conquistadores españoles nombraron erróneamentealpuebloMapuce2como“Araucanos”,porendeelconflictocolonialesrecordadoporel nombre de “Guerra de Arauco”. Se trata de la voz de Sofía Painequeo, mujer mapuce quien no he podido confirmar sitambiénaportaríaaladirecciónyproducciónaudiovisualdeotrasproducciones comoChemu Am Mapuche Pigeiñ (¿Por Qué Nos Llamamos Mapuche?) del 2002.Alnopoder pronunciarlosespañoleselnombre“Ralko”delalocalidadubicadaenelactualAltoBiobío,habrían fabricadoelnombre“Arauco”elcualnotieneningúnsignificadoenmapuzugun.ContinúaPainequeo explicandocomosiexisteequivalenteenelmapudungunpara“guerraMapuce”,lacualtraducecomo “Mapuce tañi weican”. Dicho esto, aparece el texto titular del video en el encuadre, tachado de la siguiente forma: “LaGuerradeArauco”.
A continuación, Painequeo narra un texto en mapuzugun atribuido a la figura histórica de Pascual Coña, a quienseleatribuyelacalidaddeLogkoolídercomunitarioperoestoprobablementenofue así. Lo que sabemos es que un misionero capuchino Ernesto Moesbach realizó una serie de visitas a Coña a inicios del siglo XX y transcribió su testimonio. Posterior al deceso del anciano mapuce, Moesbach publicó en 1930aquellostestimoniosbajoeltítuloVidaycostumbresdelosindígenas araucanosenlasegundamitaddelsigloXIX, incluyendo una edición pareada con columnas en español ymapuzugun,auxiliadoporellingüistaRodolfoLenz.Estaimportantefuenteenlaconstruccióndela historiamodernaMapucefuncionaenelvideocomohiloconductorentrelasimágenesdelaminade Chuquicamata, al igual que otras imágenes vinculadas con los resabios contemporáneos del colonialismorepresentadosporlosestragosdelaempresaEndesa3.
Las imágenes de Chuqui son entrecortadas por otras imágenes en blanco y negro de una papay que estimo proviene del pueblo Pewence, ubicado hacia la zona cordillerana del Biobío; su muñologko satinado le cubre la cabeza mientras apunta con su dedo de piel morena al caucásico representante
―podemos asumir― del proyecto hisroeléctrico y represa de Ralco. Al ser privatizada la empresa energética nacional por el último estertor deladictaduramilitaren1989,laTransiciónDemocrática con sus presidentes representando los partidos de la Concertación habría de profundizar el modelo económico neoliberal. Uno de sus proyectos emblemáticosfueelembalsedelarepresahidroeléctrica Ralco ubicada en el Alto Biobío, cuya primera etapa conocida como Pangue fue aprobada por el gobiernodePatricioAylwinen1990.Esteproyectoinmediatamentecausórepudiodelascomunidades indígenasMapuceengeneralyPewenceenparticular,siendoqueelembalsehabríadeafectartanto directamenteasuterritoriocomoalgenoespíritudelríoBiobío.
2 Utilizaré el grafemario de Anselmo Rangulieo para escribir el mapuzugun.
3 Vendida en 2018 a la transnacional de origen italiano llamada Enel.
VemosunarápidasucesióndelasimágenesdeloscaminosminerosdeChuquiconlapapaypewence, quienrompefrustrada unplatodelozaubicadoenlasaladereunionesendondesereúneconaquellas autoridadesdeEndesa.Loscamionesdetoneladasiguenvertiendolosmineralesdesechadosdentrodel orificioabierto,cuandoaparecenuevamentelapapayconunpezkiñdecontascolorarcoirisenescala de grises: “¡Yanacona, sale para afuera!” exclama la anciana, empujando fuera de plano a quien asumimoses otromapucesublevadoaloscaprichosempresarialesdeEndesa.Luego,unplanocerrado de unas manos de hombre con terno que azotan un mazo de madera sobre una mesa plagada de micrófonos y otras manos con terno en fila: un martillero de una casa de remate. Retornamos a la papay, quien sigue azotando al Yanacona fueradetomaconeltupuweusadoparalapercusióndesu kulxug: “¡Wigka, awigkado!” le grita ella. Volvemos a Chucky, luego las imágenes confusas de un altercadodevueltaenlasaladereuniones.Nuevamenteelmazoazota.
¿De donderecuperaestasimágeneslaLotty?Ellogotipode“TVN”,TelevisiónNacionaldeChileenel margeninferiorderechodealgunasimágenesyerralaproveniencia.Puedosuponerdebuenafeque algunos de los planos son recogidos también del documental Apaga y vamos (2005) del director catalán Manel Mayol, quien también estuvo rodando durante este enfrentamiento.
A continuación, aparece en las capturas la activista pewence Patricia “La Chepa” Troncoso Robles, vestida con camisa de franela y pezkiñ sobre la cabeza; el xariwe bien amarrado al vientre. Firme opositoradelextractivismoengeneralydeEndesayelembalsedeRalcoenparticular,susreiterados enfrentamientosconelgobiernocafichelallevaronaserapresadacomoprisionerapolíticaenlacárcel deAngol,yarealizarunahuelgadehambrede112díasentre2007y2008.Compañerayconfidente en momentosdeprofundodesconocimientoypersecuciónquienmehabrindadosupalabrasolidaria, versuvalerosaimagenenestaobrameemocionaprofundamente.ConsufuriaPewencetransformala taza de café y el plato de loza ―buena para servirle la once al dueño de fundo― en arma de sabotaje contra el capitalismo y su muerte medioambiental, avalanzándolas contra autoridades de Endesaescondidastrasunapuertadeescape.Juntoconlapapayobservamoscómogolpeanlalosaen hastíocontralapuertaylamesadereuniones,talcomomomentosantesveíamosrebotarelmazodel remate.Comprendemosquenoexiste posibilidaddeacuerdoodetransaanteelexterminiodelatierra y su gente.
aliwen, “Una barricada para la crítica”, Crítica de barricada I. Cuerpx, escritura y visualidad en el Chile contemporáneo, Santiago, Sangría Editora, 2021, pp. 15-88.
DESDE HACE PRÁCTICAMTE 25 años realizamos trabajos en colaboración con Lotty Rosenfeld. Primero como integrantes del grupo CADA (1979-1985), en pleno período de ladictadura militar, junto a Juan Castillo, Fernando Balcells y Raúl Zurita, donde nos volcamos a pensar la relación entre arte y política a partir del diseño de una serie de intervenciones urbanas en las que se interrogaba críticamente tanto el soporte tradicional del arte como, a su vez, la violencia infligida por la dictadura sobre el cuerpo social chileno.
Ese trabajo realizado colectivamente, sin firmas individuales, fue la primera experiencia de una posibilidad estética en donde la autoria quedaba relegada en aras de una producción establecida en conjunto. Desde luego, laurgencia política que recorría esos años –me refiero a los años «duros» deladictadura militar- volvía conceptualmente indispensable la noción de grupo y la incursión enla práctica colectivaen un momento en que lo colectivo estaba bajo sospecha.
Mientras el grupo CADA estaba en funcionamiento, iniciamos en su interior, con Lotty Rosenfeld trabajos en colaboración. Ya en 1981, realizamos una obra que resultó ganadora en un certamen que fue firmada en conjunto, lainstalación: «Tras paso Cordillerano». Se trataba de una unión de prácticas: lite ratura y visualidad frente a las cuales quisimos borrar las fronteras disciplinarias puesto que ambas asumimos la obra en su totalidad mediante la firma «doble».
Luego de la disolución de grupo CADAya contábamos con una experiencia y una trayectoria temporal que nos permitió continuar incursionando en proyectos conjuntos y, a la vez, seguir manteniendo vigentes preguntas en torno a los problemas y desafíos que plantea el quehacer en medio del proyecto neoliberal y sus demandas mercantiles. Básicamente las interrogantes transcurrían y siguen transcurriendo en torno a la conformación de escenarios estéticos móviles que recojan y proyecten sentidos culturales críticos.
Desde luego, independientemente de estascolaboraciones, Lotty Rosenfeld continuaba de manera sistemática consu trabajo visual, como también yo con mi trabajo literario.
Después de casi 25 años esa colaboración no se ha interrumpido. Más aún, una parte de nuestro hacercontinúa liga do en nuevas y diversas producciones.
Hoy, estas colaboraciones mayoritariamente transcurren enel ámbito «profesional». Lotty Rosenfeld realiza documentales sobre distintas materias que le solicitan instituciones, en los cuales yo actúo como guionista, lo cual implica mantener una interlocución sistemática por las frecuentes y exhaustivas re uniones para afinarelcurso de los trabajos.
SoNMÚLTIPLES Y GRATIFICANTES los alcances de esta colaboración. En primer término, haber logrado mantener una relación de amistad y de trabajo sin quiebres ni menos crisis a lolargo de una cantidad considerable de años. A menudo el llevar adelante proyectos creativoslesionalas relaciones personales porque sur gen diferencias que resultan insalvables.No ha sido así en nuestro caso. En parte -así lo creo- porque existió el antecedente CADA que pudo consolidar metodológicamente una práctica productiva gestada en medio de una urgencia política. Quiero decir que la situación social era tan imperativa que lo «personal» quedó relegado ante el dictamen de producir en esas condiciones.
Pero, a la vez, la difícil y adversa condición política generó una política de trabajo -la apuesta por la producción- y fue esa política y su larga elaboración la que nos ha permitido trabajar de manera fructífera en el curso de estos años.
Sin embargo comprendo que nuestra colaboración ha sido puesta a prueba en innumerables oportunidades. Entonces me propongo abordar ahora el territorio de los problemas.
PIENSO -PUEDE SER una actitud en cierto modo «paranoica»– que el sistema (así, en general, de forma inespecífica) no es proclive al trabajo común. En parte porque las estructuras capitalistas se fundan en las obras individuales y, más aún, la noción de autor y autoría se inscriben como una huella orde nadora y jerárquica en el interior del sistema artístico. Entonces, la colaboración y sus bordes difusos atentan e incomodan este sistema porque, en algún lugar, surge una impureza que «devalúa» laobra, al poner en crisis los límites cómodos y verificablesen que transcurre laproducción individual.
Entonces estos trabajos, de una u otra manera, son recepcionados como una curiosidad, un ensayo, una experien cia particular que necesita ser leída enel marco de un universo mayor que los excede. Más que una ampliación creativa, este tipo de producciones cae, paradójicamente, en un menos, en un entre, en ese territorio fronterizo que resulta impreciso y casi inanalizable.
Por otra parte, los análisis que se ejercen ante trabajos en colaboración parecen centrarse no en torno a la obra, sino más bien alrededor de cuáles serían aquellas características que permitirían pesquisar una autoría. Autoría que, precisamente, las obras ponen en juego. Y esta lectura, en último término, ex terna, lleva a una zona confusa en que queda en entredicho la colaboración misma y su resistencia.
CoMoSEÑALÉ,DESDEhace25añosLottyRosenfeldyyocolaboramos en diversos proyectos. Muchos de ellos transcurrieron fuera de los sistemas y las instituciones artísticas. Durante la época de la dictadura, nos volcamos a algunas tareas de índole política solidaria (afiches, lemas, guiones, puestas en escena) que circularon por espacios públicos sin que se estipulara la autoría y menos aún que eran producciones hechas encolaboración.
El de esos años fue un trabajo plenamente anónimo, liberado a una gramática clandestina antidictatorial. Su productividad radicaba precisamente en su inserción política, en la manera en que un afiche, una leyenda, una determinada conceptualización que provenía de saberesestéticos,se inscribía enel circuito político de manera eficaz.
En este sentido y desde este lugar ingreso a otro terreno conflictivo: el problema de género.
Cito ahora esas colaboraciones que entonces nos parecían imprescindibles y necesarias desde una ética política. Nuestros trabajos eran absorbidos y apropiados por las organizaciones partidarias que solicitaban nuestra participación en intervenciones que requerían de textualidades e imágenes.
Sin embargo,enel mismo ámbito -la lucha política ysu
relación conel arte–cuando se trataba de artistas hombres, en general, las organizaciones políticas y relevaban estas participaciones y, más aún, la firma del artista contribuíaa dimensionar y enaltecer el reclamo social que el acto propiciaba.
En nuestro caso, más bien, los diversos trabajos parecían citarla antigua laborasistencial que le fue adjudicadaalsujeto femenino por la cultura. De alguna manera nuestras colabora ciones eran percibidas como análogas al trabajo doméstico, una forma de solidaridad «menor» o «natural» hecha para en gTandecer la labor política y, en la medida que no se valida ban culturalmente las autorías, se borraba su cruce conlasestéticas provenientes del arte.
No cabe duda que este procedimiento era percibido como natural ysecundario por elespectro político que nos convocaba aestas funciones, debido única yexclusivamentea una con ducta problemática ligada a la asimetría de género: se trataba de dos mujeres que, además, trabajaban en colaboración y en esesentido,el prestigio o la posibilidad de prestigio simbólico que alcanzaban el afiche o el lema o la puesta en escena eran prácticamente inexistentes.
Nosotras éramos convocadas más bien por nuestra «responsabilidad» y «buena disposición», lo cual de ninguna manera constituía una mala fe expresa de quienes nos pedían estos trabajos, puesto que estas instancias políticas interpretaban y actuaban ciertas asentadas modalidades culturales que ponen a la mujer en un lugar subsidiario,especialmentesi se entien de que el trabajo político pertenece a la esfera masculina y allí, inmersas en ese centro, nuestras funciones eran recibidas bajo el prisma vago de «apoyo a la causa».
Pero esta situación, fácilmente advertida por nosotras, no fue un motivo para restarnos o solicitar una forma de «reconocimiento» en el curso de estas intervenciones antidictatoriales. En parte porque -y ya lo señalé con anterioridad- contábamos con una política de trabajo que nos permitía comprender,en tre otras cosas, las condicionantes de género que han rodeado todo elespectro de nuestracolaboración.
Este espacio de colaboración y activismo político, más allá de su particularidad y excepción,constituye una metáfora útil y productiva para expresar una zona conflictiva, llena de aris tas y sobresaltos que hemos debido afrontar en diversos espa cios.
No pretendo aquí dramatizar la práctica de la colaboración porque nunca las dificultades sociales han resultado un obstá culo definitivo para nuestros proyectos. Las limitaciones de gé nero han servido como un motor lúcido, como un elemento político más para enfrentar y comprender cómo se cursan los lugares sociales marcados fuertemente por tradiciones cultura les que portan rasgos de dominación.
Sin embargo, vuelvo al principio. A la dificultad central. Esto es cómo el sistema perturba (porque se perturba) el traba jo en colaboración y doblemente si se trata de mujeres. Ahora bien, si se trata de mujeres que mantienen un discurso -diga mos áspero o tenso- el punto radica en una cierta no tan sutil mecánica de desvaloración. Es posible prescindir de estos tra bajos, no incluirlos en los circuitos, evadirlos. Resultan más soslayables aún si se piensa que Lotty Rosenfeld y yo hemos realizado algunas producciones artísticas consideradas oscuras, cifradas como «¿Quién viene con Nelson Torres?», obra que menciono solo a modo de ejemplo.
PERO, LO MÁS ÁLGIDO –así lo pienso– radica en la colaboración misma. Como efecto político. Como arma política de cons trucción cultural. Me refiero a perseverar en una práctica mi noritaria y, en cierto modo, ambigua. Perseverar en una asociaciónmarcada porpequeños logros noexentos dedesasosie gos que, de una u otra manera, van tejiendo una modalidad, una «posición» cultural. Quiero decir en realidad que el traba jo de colaboración apunta a una ampliación e incremento de los imaginarios que, mezclados, modulan un espacio «otro», radicalmente diverso al trabajo individual, porque siempre su materialización produce una doble extrañeza, una sorpresa doble.
Sin embargo, lo más importante es que entre Lotty Rosenfeld y yo se estableció una práctica, un procedimiento ya asentado que nos ha permitido ejercitar una creatividad en donde nada es exactamente de cada una, porque lo de cada una se rearticula y se pierde y se diluye y lo único que resta es cómo surge una producción cuyo efecto ambivalente resulta tan ajeno y tan cercano.
En el año 2001, la artista chilena Lotty Rosenfeld realizó la obra MocióndeOrden(2002), en Santiago de Chile consistente de varias intervenciones para una videoinstalación expandida hecha de múltiples proyecciones en diversos espacios, públicos e institucionales. El Museo de Bellas Artes, Museo de Arte Contemporáneo, Galería Gabriela Mistral y Centro Cívico de Santiago, en el metro de Santiago, camiones, muros, etc. Además del Estrecho de Magallanes, fueron intervenidos por 10 reproductores multimedia, 10 de DVD y 16 fuentes sonoras.
Si pensamos sobre el lugar del video en las prácticas situadas, me parece importante pensar este trabajo en particular teniendo en mente la trayectoria de la artista. Dos razones dominan mi motivación para comentar esta obra. Primero, en relación a su naturaleza misma, la intuición de su condición formalmente “híbrida”: la obra como un terreno idóneo para abrir preguntas sobre la relación entre el soporte audiovisual y la intervención site-specific. Segunda, tiene relación a la memoria artística, a lo que el trabajo de Lotty Rosenfeld significa en términos históricos: Una Milla de Cruces sobre el Pavimento (Santiago, 1979), la “intervención madre” que ha dado origen a todo el corpus de su obra. Hoy esta obra se ha vuelto mítica en la historia de la intervención urbana en el Chile dictatorial y un hecho clave en la comprensión del arte contemporáneo latinoamericano, por cargar en sí misma la memoria de las formas de resistencia cultural en contextos de violencia de Estado que caracterizaron a los países del continente entre las décadas del 60 y 80. En estas coordenadas, es importante el vínculo directo que esta primera intervención tiene con su participación en el Colectivo de Acciones de Arte (CADA). El paradigma que abren las acciones urbanas de este colectivo interdisciplinar, formado por Rosenfeld, el artista Juan Castillo, el sociólogo Fernando Balcells, la escritora Diamela Eltit y el poeta Raúl Zurita representa un capítulo fundamental en las producciones de la neovanguardia chilena, como parte de lo que la teórica Nelly Richard llamó como “escena de avanzada”.
Estas dos cosas se relacionan internamente. Hay una suerte de traspaso, de diálogo entre lo visual y lo espacial que toma forma por medio de la intervención en este trabajo que me parece necesario examinar; y las cruces, que concentran la investigación de Rosenfeld y cuya multiplicación ha dado origen a diversas otras obras, tienen un desdoblamiento inusual en Mocióndeorden. Se trata de una obra compleja, compuesta por varias partes, y que se diferencia en su formato con creces del resto de los trabajos de la artista. Leerlo en la clave correcta, por tanto, debe pasar necesariamente por comprender la vinculación con las cruces. Propongo aquí que las cruces son el núcleo que parece demandar una especie de corporización: pasar de lo visual a lo espacial empujándose un formato
hacia el otro. Esta videointervención representa un paradigma dentro del trabajo de la artista –que salvo intervenciones como Estadio Chile I, II y III (2009) que incorpora elementos sonoros, siguen más o menos las mismas operaciones–, ampliando su “archivo vocabulario” al espacio. Y esto tiene que ver con cómo Moción de orden pone en funcionamiento simultáneo distintos usos de los soportes.
Pero antes que todo, antes de argumentar esta sentencia, es necesario no solo describir esta obra sino contextualizar su aporte dentro de la genética artística de su autora. Como decía más arriba, el 2019 se cumplieron cuarenta años de la primera intervención de Lotty Rosenfeld la que no solo representa el gran hilo conductor de su propuesta, sino que también ha permitido con los años sumar complejidad a sus interpretaciones, consolidando su importancia dentro de la producción artística latinoamericana. Dicha acción aparentemente simple, fue demostrando su potencia en tanto ganaba densidad simbólica en la medida que se proponía en distintos contextos y momentos. Hoy podemos ver retrospectivamente todas ellas y pensar la operación estructural de la cruz dentro del universo de su obra como una columna vertebral. Vale describir brevemente en qué consistió. Una Milla de Cruces sobre el Pavimento, corresponde a la intervención de la línea discontinua en la calle Manquehue, en la zona oriente de la ciudad de Santiago de Chile, con líneas perpendiculares blancas adheridas a la calle, como dice el título, una a una durante una milla, formando el signo +. Un mes después Rosenfeld realiza una video proyección en el mismo lugar cuyo contenido es el registro de la intervención en video y en 35mm, en dos pantallas instaladas en la misma calle a modo de letreros camioneros. El “acto de desobediencia” ejercido sobre el signo público se concentra en el signo mismo: la naturaleza del signo +, se trata de un signo rígido que la marca abre a su reinterpretación (voto electoral, cruz de muerte, etc.). La intervención de una milla fue realizada en otros tres lugares (Kassel 2007; Cali 2008; New York 2008) y repetida como intervención de una sola cruz en diferentes países, durante cuarenta años.
La obra Unamilladecrucessobreelpavimento está presente directa o indirectamente en todas las obras que le siguen y Mocióndeorden es la primera vez en donde la imagen y la materialidad de la cruz es sustituida (una excepción es quizás Propuesta para (Entre) cruzar espacios límites (1983) que realiza entre la frontera de las Alemanias, donde la artista completa la cruz con su propio cuerpo.
Primero una descripción general. Mocióndeordenes un todo de varias partes que involucra registro de intervención, intervención con registro de intervención y videoproyección como montaje en sala. En sus dos versiones, una realizada en Santiago de Chile (2002) y la otra en Sevilla (2013). La obra consiste en un video que muestra a su vez la video proyección de una fila de hormigas sobre el helipuerto de una plataforma petrolera ubicada en medio del mar del Estrecho de Magallanes. Sostenido desde una grúa hacia abajo, mientras la cámara filma desde un helicóptero, en el video proyectado el camino de las hormigas es interrumpido por un dedo, formando un signo +, que rápidamente se desordena. El “no” del gesto alude a la transgresión ante las formas de disciplinamiento del poder. Aquí se retoma la idea de la resistencia no violenta que vemos trabajada de distintas maneras en el resto de sus obras. El audio de este video lo componen diferentes sonidos (mezclados ruidos radiales, grillos, el sonido del mar), pero sobresale el monólogo de una mujer, correspondiente al monólogo de Molly Bloom en el Ulises de James Joyce, interpretado por Diamela Eltit. A las imágenes de las hormigas se le suman otras como: noticieros de televisión e imágenes documentales históricas. Guantánamo, Mohammed Ali, Bush, los francotiradores de Bosnia, imágenes de representantes mapuches que fueron utilizadas en una obra anterior, La Guerra de Arauco (2001), aparecen entremezcladas. De fondo se repite la frase “Este país no tiene memoria, realmente no tiene memoria”. Esta obra dentro de la trayectoria de Lotty significa un paso importante –quizás incluso una especie de desvío– en la utilización de los soportes, y se destaca dentro del corpus de trabajo principalmente por ello.
A lo largo de su trabajo podemos identificar que Lotty Rosenfeld ha desarrollado dos líneas de trabajo. La primera corresponde al aspecto audiovisual propiamente. En general se da en la forma de un cuerpo de imágenes compuesto de fragmentos provenientes de diversa procedencia (internet, televisión, producción propia), que se articulan mediante estrategias de montaje. Hay, en esta línea de trabajo una reflexión autónoma en torno a: 1) la imagen-fragmento; 2) la composición y el montaje;
3) y quizás más importante, la noción de archivo (que retomaremos más adelante). En esta línea es donde el video explora mayormente sus posibilidades expresivas, poéticas, narrativas y estéticas.
Desde acá se explora la idea de que el poder de las imágenes se articula no a partir de sí mismas, sino del montaje de varias imágenes, como si estas se activaran a partir de su vínculo forzado, generando ejercicios dialécticos. Estos, ante la acumulación de archivos y más archivos, no se detienen y producen una nueva relación dialéctica, un efecto de interpretación siempre dinámico. Hito Steyerl en Los condenados de la pantalla dice que “Es una total mistificación pensar en la imagen digital como un reluciente clon inmortal de sí misma. Por el contrario, ni siquiera la imagen digital está fuera de la historia. Porta las heridas de sus colisiones con la política y la violencia (…) Las heridas de las imágenes son sus fallas técnicas, sus glitches, las huellas de sus copiados y transferencias. Las imágenes son violadas, rasgadas, sujetas a interrogatorio y puestas a prueba. Son robadas, recortadas, editadas y reapropiadas. Son compradas, vendidas, alquiladas. Manipuladas e idolatradas. Agraviadas y veneradas. Participar en la imagen significa ser parte de
todo eso”1. De ahí viene el concepto que recuerda de la “imagen pobre” un reducto de mala calidad que viaja por internet. Esa materialidad disponible, de la que se alimenta la obra de Lotty Rosenfeld, se halla también en dicha condición y no solo en su contenido, sino también en la pérdida constante de su aura, en su carácter transitorio, imagen siempre dispuesta a ser apropiada.
El segundo punto, no desmarcado totalmente del primero, tiene que ver con las intervenciones de la cruz en el espacio público, las que son registradas con el soporte fotográfico y audiovisual. El uso del soporte está aquí más del lado de la documentación de la intervención, siempre efímera ya que sin registrarse no podría sobrevivir en el tiempo. En estas acciones en el espacio público, se mantiene el soporte pero supeditado a rescatar ese aquí y ahora que es condición de la intervención pública. Aquí el signo de la cruz es el protagonista, y la reflexión es ese mismo signo irrumpiendo lo público, profanando y negando su orden a partir de la señalética, una porción mínima de la calle. Estas, como toda obra site-specific, reflexiona el lugar según el contexto. Las relaciones del signo con el espacio, abocan la dimensión histórica y política de los lugares y puntos específicos intervenidos. La condición de site-specific se da en este diálogo contextual que el signo genera: un No+ aquí es algo, allá es otra cosa.
¿Qué ocurre con Moción de Orden y la hace tan especial? Ambas líneas, la ligada a la creación audiovisual y la del registro de intervención, tuvieron un momento de encuentro muy peculiar en esta obra. Es una video-intervención y al mismo tiempo un archivo visual que se auto-refiere. Es importante destacar esta “capa de uso”, la de los registros de obra siendo auto-apropiados en versiones futuras de video, donde se entremezclan las imágenes producidas con las encontradas. Es así como la artista hace que el archivo se alimente de sí mismo y crezca exponencialmente, expandiendo lo que he llamado anteriormente de “Archivo Vocabulario”.
Esta es una cuestión transversal en la obra de Lotty, lo vemos ocurrir en varias obras. De ahí que su trabajo pueda leerse como un único gran archivo, como dijimos, en constante ampliación y desarrollo que incorpora a su vez, registros de las propias obras. Pero esta práctica recurrente
1 STEYERL, Hito. Los condenados de la pantalla. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2014, p.57.
tiene en el caso de Moción de Orden un “origen” audiovisual, un video de carácter conceptual que proyectó en un aislado espacio real, el de la petrolera, que se va a amplificando de acuerdo al desarrollo de la obra. Es una auto-referencia expandida doblemente: la intervención que ocurre en el espacio público es incorporada al video, este video vuelve a aparecer en el espacio público, el que vuelve a aparecer en el montaje de la video-proyección en la sala de exhibición.
Aquí llegamos a una cuestión fundamental, que tiene que ver con el universo de la instalación que se abre en cada montaje en sala, donde el video se dispone a pensar también el espacio sensorial del “cubo blanco”. Hay múltiples de posibilidades y esto tiene que ver con la naturaleza misma del trabajo y lo que ella permite. En este sentido, los futuros montajes de una obra como ésta permanecen en la paradoja del “montaje abierto”: la obra crece en su archivo pero siempre está dispuesta a ampliarse como también a reducirse.
En el montaje en sala de Moción de orden, una vez ejecutadas las video-intervenciones y obtenido sus respectivos registros, consistió en lo siguiente: en una primera sala cinco pantallas con filas de hormigas, a la derecha otras cinco pantallas con las otras imágenes. En otra sala solo el video correspondiente a la intervención en la petrolera en Magallanes. Como ya dijimos, en el montaje posterior se incluyen imágenes de las intervenciones. La solución que Lotty pensaba poco tiempo antes de fallecer para un tercer montaje es sumamente sugerente, la idea de adicionar un carrusel de diapositivas que muestren las intervenciones con las hormigas en las distintas locaciones. Este montaje posible, nos ayuda a entender un poco más la importancia de la post-producción en términos instalativos en la experiencia de la obra y el carácter no solo acumulativo sino autopoético de su obra
¿un montaje que incorpora otros elementos instalativos en relación a lo que se suma –las nuevas imágenes– continúa siendo la misma obra? Pensado desde los soportes, sus funciones y sus resultados ¿qué es entonces Moción de orden? La respuesta de la artista es taxativa: todo en su conjunto, un conjunto que siempre busca crecer.
El factor de reincorporación de documentación de registro entonces, adquiere una dimensión artísticamente propositiva en la parte de su presentación. Lo que intento decir con esto es que si bien el terreno en el que Moción de orden debe pensarse es siempre desde la noción de video expandido, es también el campo de ese “camino de vuelta” que son las decisiones formales e incluso técnicas el ingreso de este al espacio expositivo lo que no debe desatenderse. La experiencia de un espectador en un lugar u otro, con unos elementos en vez de otros, modifican no solo el sentido de la obra en un aspecto visual-sensorial (el espacio), sino también las relaciones que el contenido visual (imagen) establece. Ambos necesariamente, como se dijo, imbricados por la experiencia de la práctica situada que es el origen de todo. Este es el valor de
obras como Mocióndeorden, ese diálogo necesario entre las dos líneas, intervención y registro, que va mostrando posibilidades de interpretación y experiencia física y sensorial. Exactamente en ese lugar es donde se destaca el mérito y la audacia de Lotty para pensar la relación entre las prácticas situadas y el video.