Lotty Rosenfeld: Esta línea es mi arma

El Legado de la familia Rosenfeld

Hija, exiliada, feminista, coreógrafa urbana, activista política y artista conceptual, Lotty Rosenfeld nació en Santiago de Chile en 1943, en el seno de una familia marcada por las experiencias del exilio y la supervivencia. Su padre, Ernesto Rosenfeld, huyó de la Alemania nazi en 1935, mientras que sus abuelos, Rudolf y Charlotte, sobrevivieron al Holocausto en un exilio forzado en Siberia tras ser despojados de su hotel en Breslau en 1934. Tras la guerra, la familia se reunificó en Chile, donde en 1946 fundaron el Café Villa Real, un espacio que funcionó como un nodo de memoria y reconstrucción del hogar mediante la cultura y la gastronomía centroeuropea.

 

La calle como soporte crítico en la dictadura

Formada en un entorno marcado por la resiliencia y la pérdida, Rosenfeld emergió como una artista que desafiaría no solo los sistemas políticos dominantes, sino también las estructuras mismas del espacio, el tiempo y el lenguaje. El lenguaje artístico de Rosenfeld se consolidó en 1978 con una intervención sobre una fotografía histórica del Jonas Daniël Meijerplein en Ámsterdam, sitio de detenciones masivas de judíos en 1941. Al someter esta imagen a alteraciones físicas como cortes y perforaciones, introdujo la «línea blanca», una incisión que interrumpía la lógica visual de la dominación. Este gesto evolucionaría en 1979 hacia su serie más trascendental, Una milla de cruces sobre el pavimento, donde transformó las líneas de tránsito en marcas de desobediencia civil frente a diversas instituciones de poder.

El compromiso colectivo y la materialidad del gesto

Como cofundadora del Colectivo Acciones de Arte (CADA), Rosenfeld trabajó junto a poetas, sociólogos y artistas para replantear el arte como herramienta de compromiso social. Pese a la modestia de sus materiales, sus acciones simbólicas tenían una intención expansiva destinada a actuar allí donde la memoria oficial intentaba imponer el olvido. La premisa de su práctica quedó sintetizada en una frase hallada en el reverso de sus registros fotográficos: “Esta línea es mi arma”.

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Este contenido ha sido extraído del texto de Paula Kommoss y Alejandra Coz Rosenfeld para el catálogo de la exposición LOTTY ROSENFELD: ESTA LÍNEA ES MI ARMA.

La muestra, de la cual Kommoss fue comisaria y Coz investigadora, se presentó en la Overbeck-Gesellschaft (Lübeck, Alemania) en 2025. Esta exhibición integró, por primera vez, el archivo personal y familiar de la artista con su obra pública, ofreciendo una perspectiva íntima sobre los legados diaspóricos que moldearon su pensamiento político. Al entrelazar la memoria personal con la intervención urbana, Rosenfeld no solo mapeó la distancia entre la supervivencia y el disenso, sino que reclamó el espacio público para aquellos que los regímenes totalitarios intentaron borrar.